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Neurofibromatosis tipo 1

La más frecuente de las tres. Aparece en uno de cada 2.500 nacimientos vivos en España, y en la mitad de los casos sin ningún antecedente en la familia.

En dos minutos

La neurofibromatosis tipo 1 es una enfermedad genética que hace crecer tumores benignos sobre los nervios y produce manchas características en la piel. Está causada por una alteración del gen NF1, que se encuentra en el cromosoma 17 y fabrica una proteína llamada neurofibromina.

Esa proteína funciona como un freno del crecimiento celular. Cuando falta o funciona mal, las células que envuelven los nervios crecen más de la cuenta y forman neurofibromas.

Es muy variable. Dos personas de la misma familia, con exactamente la misma alteración, pueden tener una manifestaciones leves y otra un cuadro complicado. Por eso nadie puede decirte al principio cómo será el caso concreto, y por eso el seguimiento es periódico en vez de único.

Cómo se manifiesta

Lo que aparece con más frecuencia, y en el orden aproximado en que suele salir:

  • Manchas café con leche. Planas, marrón claro, de borde definido. Aparecen en los primeros años. No pican, no duelen y no derivan en nada.
  • Pecas en axilas e ingles. En zonas donde el sol no da, que es lo que las hace características.
  • Neurofibromas cutáneos. Bultitos blandos en la piel, que salen sobre todo a partir de la pubertad. Son benignos; se quitan por molestia o por estética, no por riesgo.
  • Neurofibromas plexiformes. Crecen de forma más difusa a lo largo de un nervio y pueden estar presentes desde el nacimiento. Son los que requieren seguimiento más estrecho.
  • Nódulos de Lisch. Pequeñas manchas en el iris que solo se ven con lámpara de hendidura. No afectan a la vista: sirven para el diagnóstico y nada más.
  • Glioma de la vía óptica. Un tumor de crecimiento lento en el nervio óptico. Aparece en una minoría, casi siempre antes de los seis años, y muchas veces no da síntomas ni necesita tratamiento.
  • Alteraciones óseas. Escoliosis, y con menos frecuencia curvatura de la tibia o displasia del esfenoides.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico es clínico: se hace reuniendo varios signos de una lista de criterios reconocida internacionalmente, revisada por última vez en 2021. En la práctica, una exploración cuidadosa por alguien con experiencia resuelve la mayoría de los casos.

El estudio genético confirma el diagnóstico y es especialmente útil en tres situaciones: cuando el cuadro es dudoso, cuando hace falta para el consejo genético, y en niños pequeños que todavía no han desarrollado signos suficientes.

Qué se vigila a cada edad

La neurofibromatosis tipo 1 no se manifiesta de golpe: va apareciendo. Saber qué toca ahora y qué viene después quita bastante angustia, y es lo que estructura el seguimiento.

0 a 2 años

Suele ser cuando aparecen las manchas café con leche, a veces desde el nacimiento. Se vigila el perímetro craneal, el desarrollo y las piernas: la curvatura de la tibia, si la hay, se ve pronto.

2 a 6 años

Aparecen las pecas en axilas e ingles, que son bastante características. Empieza el control oftalmológico anual por el riesgo de glioma de la vía óptica, que es la edad en que se detecta.

6 a 12 años

Es la etapa en que se hacen visibles las dificultades de aprendizaje y de atención. Se sigue vigilando la columna, porque la escoliosis suele darse en estos años, y la tensión arterial.

Adolescencia

Empiezan a salir los neurofibromas cutáneos y suelen aumentar durante la pubertad. Es también la etapa en la que el impacto estético pesa más, y donde el apoyo psicológico cambia las cosas.

Aprendizaje y atención

Es la parte que menos se habla en consulta y la que más peso tiene en el día a día. Una proporción alta de niños con neurofibromatosis tipo 1, más de la mitad según las series publicadas, tiene dificultades específicas de aprendizaje, de atención o de coordinación motora. No es un problema de inteligencia general ni de esfuerzo.

Detectarlo pronto cambia el resultado. Lo que hay que hacer es concreto: pedir la valoración al equipo de orientación del colegio, que de ahí salen las adaptaciones, y solicitar la beca por necesidad específica de apoyo educativo, que cubre reeducación pedagógica y logopedia.

Cómo se piden las dos cosas, paso a paso.

Qué tratamientos hay

No existe un tratamiento que cure la enfermedad. Lo que existe es tratamiento para sus manifestaciones concretas:

  • Cirugía de los neurofibromas que molestan, comprimen o preocupan estéticamente. La decisión depende mucho de dónde estén.
  • Inhibidores de MEK. Fármacos aprobados para niños con neurofibromas plexiformes sintomáticos que no se pueden operar. No los curan, pero en una parte de los casos los reducen. El más conocido es el selumetinib.
  • Traumatología para la escoliosis y las alteraciones óseas.
  • Apoyo psicológico y educativo. No es accesorio: en la adolescencia es a menudo lo más determinante.

La genética, en detalle

El gen NF1 está en el brazo largo del cromosoma 17, en la región 17q11.2. Es un gen grande, y eso explica dos cosas: que tenga una tasa de mutación espontánea alta, de ahí que la mitad de los casos aparezcan sin antecedentes, y que el estudio genético sea laborioso.

La neurofibromina que fabrica actúa sobre la vía RAS-MAPK, que es una de las cascadas que regulan la división celular. Sin freno, esa vía queda más activa de lo que debería. Los inhibidores de MEK actúan justo ahí, un escalón más abajo, y por eso funcionan.

La herencia es autosómica dominante: una sola copia alterada basta, y cada hijo de una persona afectada tiene un 50 % de probabilidad de heredarla. Lo que no se hereda es la gravedad: que un padre tenga un cuadro leve no predice que el hijo lo vaya a tener.